Eran las 10 de la mañana, la alarma del móvil comenzó a sonar, ella abrió los ojos, no era su móvil, él movimiento del colchón le hizo recordar que no estaba sola. Se giró y ahí estaba él, intentando despejarse, la miró con los ojos entreabiertos y le dijo: ¡Buenos días mi niña! - La primera sonrisa del día, haciendo que su corazón se acelerase y que una sensación de calidez le recorriese el cuerpo. Le devolvió la sonrisa, genuina y totalmente sentida.
Después de todo lo que había pasado en las últimas semanas, se preguntaba cómo había conseguido recuperar la fé en el amor tan rápidamente, pero ahí estaba, con un chico dulce, tierno y cariñoso, que cada día buscaba robarle sonrisas que viniesen del corazón, y lo estaba consiguiendo, día a día, con su ternura, sus besos y sus caricias, su interés y su comprensión.
Sólo deseaban que cada mañana fuese así de especial.